La feliz conjunción artística de Josefa Antúnez y Guillermo Muñiz, madre e hijo, dio lugar al manto que lució en la calle la Virgen de la Presentación (titular de la Hermandad del Calvario de Sevilla) sólo hasta mil novecientos catorce, porque un incendio en el altar de culto, ocurrido a nueve de febrero del quince, le obligó a sacar prestado el manto de la Virgen del Socorro, titular del Amor, en la madrugada del viernes santo siguiente, mientras Juan Manuel Rodríguez Ojeda le confeccionaba otro.

Paso de Virgen

Al manto quemado de terciopelo azul se le pierde el hilo documentado en Sevilla, pero ocurre que la cofradía de Jesús Nazareno de Lora del Río, en un momento posterior a mil novecientos seis, sustituyó su manto negro salpicado de estrellas por otro de segunda mano adquirido en la capital, también casualmente azul y chamuscado, con el bordado, en parte, apelmazado y girado hacia la derecha para disimular semejante desperfecto, que arrancaba desde el borde delantero hacia atrás, a la altura de la candelería. El mismo manto que vendió a la Columna, en marzo de mil novecientos veinticuatro, documentado sin interrupción desde entonces y compuesto, como hoy lo vemos, por una gran mata de cardo bordada a realce en oro fino que cubre por completo a la tela con ayuda estilizada de otras plantas, en aparente disposición caprichosa, totalmente asimétrica, aunque ordenada de abajo arriba con una línea centrada a partir de un tronco que distribuye la composición, en consonancia y coincidencia con el más puro estilo Muñiz. Cúmulos de circunstancias que señalan al Calvario como lugar inequívoco de procedencia del manto y a la Virgen de la Presentación como su primera propietaria, identificando por añadiduras a sus autores: Guillermo Muñiz, tallista, como diseñador, y Josefa Antúnez, bordadora, como amanuense. Salvo mejor argumento en contrario.

En mil novecientos ochenta y siete, el manto fue restaurado, pasándolo a nuevo terciopelo de Lyon y reintegrándole lo estropeado de antiguo Antonio López Ortiz, apareciendo, entonces, bajo la zona deteriorada, rellenos de papeles con restos de membretes y sellos del taller de bordados de Miguel Olmo, donde la quemadura debió disimularse, en primera instancia.

Contraportada

Bambalinas

Las bambalinas realizadas en el año mil ochocientos noventa y nueve, casi como hoy se conservan tras la restauración de mil novecientos ochenta y seis por el citado López, pese a las variaciones de corte y caída con las originales, son obra nada menos que de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, prejuanmanuelinas, en el sentido estético del término, es decir, conceptualmente anteriores al famoso paso rojo de la Macarena, pero en la línea del negro, que, procedente de Sevilla, habían sido reducidas por el Nazareno de Lora para adaptarlas al ancho de la puerta de su ermita. Estrechamiento que afectó en proporción a los paños laterales.

El conjunto de las bambalinas es completado con el techo de palio, diseñado y realizado en hilo de oro por el taller de bordados “Benítez y Roldán” entre los años dos mil nueve y dos mil once, de estilo barroco y con un óvalo central que representa la mariología del “Ave María”.

Bambalina

Respiraderos y faldones

En mayo de mil novecientos noventa y seis, la junta de oficiales le encomienda al imaginero José Manuel Bonilla Cornejo replantear el conjunto del paso alrededor del manto y el palio decimonónicos.

La reforma comienza en la Semana Santa del noventa y nueve, con el estreno de nuevos respiraderos con orfebrería en plata de ley cincelada y repujada por orfebrería Domínguez y bordados en hilo de oro y lentejuelas sobre malla, del taller carmonense Benítez y Roldán, concluido en el dos mil uno.

Los faldones serán bordados en hilo de oro y lentejuelas sobre terciopelo azul, por Ana María Bonilla Cornejo en el año noventa y nueve.

repiraderos

Varales, faroles y candelería

Orfebrería Villarreal es la encargada de la ejecución de los doce varales en plata de ley cincelados a su color, estrenados en la Semana Santa de dos mil cuatro, así como del llamador, un cuerno de la abundancia, en metal fundido, retocado y plateado en el año dos mil cinco; y de los faroles de cola asimismo en plata de ley, esmaltes, carey y cristal, realizados entre los años dos mil seis y dos mil ocho, que sustituyeron en su emplazamiento en el paso a los faroles poligonales sostenidos por sendas parejas de ángeles, en alpaca plateada por Hijos de Juan Fernández en el ochenta y cuatro.

El resto del paso se completa con la candelería de Hijos de Juan Fernández Gómez en alpaca plateada y repujada, compuesta por setenta y ocho piezas realizadas entre los años ochenta y tres y ochenta y cinco; por un juego de doce ánforas en alpaca plateada y repujada por los citados talleres en el ochenta y cuatro.

La peana de la Santísima Virgen de la Paciencia es obra de Manuel de los Ríos Navarro, realizada en el noventa en alpaca plateada y repujada.

En recuerdo de la vinculación de antaño a la orden salesiana, en la entrecalle de la candelería luce una réplica de María Auxiliadora en alpaca plateada en el año ochenta y uno, cedida cada Jueves Santo por Eduardo López Ojeda, su propietario y depositario durante el año.

El paso calza treinta costaleros.

(Extraído de: “Ordenada y veraz narración de los acontecimientos pasados y cosas memorables de la Cofradía de la Columna y análisis estilístico de sus imágenes y enseres”, de Antonio Lería editado por la Hermandad en el año 1.999).
paso palio en la calle